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Transnacionalidad y migraciones en un mundo Globalizado.

La sociedad Vasca ante el reto de un futuro intercultural

TRANSNACIONALIDAD Y MIGRACIONES EN UN MUNDO GLOBALIZADO. LA SOCIEDAD VASCA ANTE EL RETO DE UN FUTURO INTERCULTURAL.

1. Introducción.
Durante esta exposición voy a permitirme realizar un viaje antropológico sobre uno de los fenómenos más novedosos de este mundo que se dibuja globalizado y transnacional en esta primera década del siglo XXI: la creciente multiculturalidad de las sociedades desarrolladas. Las nuevas formas de las actuales migraciones y la destrucción de fronteras para la economía mundial han generando entre nosotros una creciente diversidad y un mayor mestizaje. Esta realidad, que en principio se nos presenta como una oportunidad para el enriquecimiento, está siendo fuertemente contestada en todo Europa por una corriente de pensamiento que, apoyada en la crisis económica, se muestra hostil si no claramente beligerante frente a la posibilidad de entendimiento intercultural y enarbola la bandera de los hechos diferenciales y de lo identitario para ocultar su discurso xenófobo, cuando no racista.
El amor a nuestra cultura, el apego a nuestras lealtades primordiales no puede servir de coartada para caer, de nuevo, en uno de los mayores errores del siglo XX europeo como fue permitir el surgimiento del totalitarismo nacionalsocialista. Precisamente refiriéndose a este tema, el profesor Francisco Tomás y Valiente acuñó hace ya unos años esta frase que se me antoja profética y reveladora, como todo en él, del futuro que hemos, entre todos, de gestionar:
“... en el tiempo de las mezclas, en la sociedad de las coexistencias, de las yuxtaposiciones y de lo heterogéneo, es preciso aceptar como una verdadera realidad cultural la igualdad sustancial entre los diferentes, porque quizás sea ahí donde debamos predicar hoy la tolerancia por parte de quienes se consideran mejores que otros en función de su color, su lengua, su raza o su nacionalidad.
Nuestra educación que no debe limitarse a constatar la importancia de acoger, sino que debe de trasladar la diversidad a sus contenidos, a los proyectos curriculares y, más que eso, a cualquier ámbito de la convivencia social; auspiciando una política educativa basada en la comunicación, en el encuentro y en la tolerancia”.

(Testimonio póstumo de Francisco Tomás y Valiente 1996)



2. Movimientos migratorios en un mundo globalizado.

Suelo decir a mis alumnos/as que las migraciones son tan viejas como el mismo hombre. Está ampliamente estudiado desde la antropología y la arqueología cómo por razones de ecología, economía o de mera subsistencia, los grupos humanos han tenido que desplazarse de un lugar a otro desde el albor de los tiempos. Si bien esto es una constante histórica, no es menos cierto que en las últimas décadas estos fenómenos, mal llamados nuevos fenómenos migratorios, están rodeados de circunstancias y factores distintivos que los singularizan en el contexto del siglo XXI. Así podríamos destacar el extraordinario desarrollo de los transportes, la revolución experimentada en lo que respecta a las nuevas tecnologías e informática y el asentamiento imparable de la deslocalización, la transnacionalidad o lo que denominamos genéricamente globalización.
De cualquier forma, como muy bien apunta el profesor Carlos Giménez Romero, no podemos hablar de un solo hecho migratorio. Hablar de la inmigración, así de forma genérica es un error. Cada proyecto migratorio es diferente de los demás, cada persona migrante presenta unas particularidades específicas que hacen que su situación sea única e irrepetible. Podemos encontrarnos con situaciones migratorias totalmente feminizadas, por el contrario otras completamente masculinizadas, procesos migratorios con vocación de retorno y otros con la intención de no regresar jamás, migrantes mendigos y migrantes inversores, etc…tan solo apuntaría a un aspecto compartido, algo común para todos: detrás de un proyecto migratorio siempre hay un proyecto de mejora en la calidad de vida, es decir existe un proyecto económico.
Nuestra ciudad, Vitoria, no es la primera vez que conoce personas de distintas razas, culturas, religiones. Gasteiz ya conoció otras lenguas, músicas, olores y sabores desde tiempos inmemoriales. Por nuestras tierras pasaron iberos, fenicios, cartagineses, vascones, romanos, germanos, celtas, francos, árabes, judíos y…sabe Dios cuantos pueblos más. También, fundamentalmente en la década de los años sesenta, acogimos a un número importante de personas procedentes de otros lugares de la geografía española y somos fruto de todos esos mestizajes.
Quienes recientemente han recalado en nuestra ciudad, no son sino otros nuevos ciudadanos que continúan viajando con un proyecto de mejora para ellos y sus familias. No lo olvidemos.

3. Modelos y políticas de integración en la sociedad receptora.

En los primeros momentos de estancia en la sociedad receptora, cuando se produce la llegada a Vitoria el establecimiento de estas personas, normalmente no acompañadas, se produce en una vivienda del Casco Viejo o de otra zona donde los alquileres reúnan dos condiciones fundamentales: Ser baratos y que se alquilen a personas de origen extranjero (asunto nada fácil en otros espacios de la ciudad). Las prioridades de estas personas en el primer estadio de su proceso, como es lógico, se centran en pagar la deuda contraída para llegar a España, buscar trabajo, ahorrar lo máximo posible para enviar remesas y dotarse de unas competencias lingüísticas mínimas en castellano.
En un segundo momento, cuando se produce una cierta estabilidad económica, fruto de una actividad laboral legalizada, es cuando se producen otros fenómenos cómo el reagrupamiento familiar o el comienzo de una relación de pareja estable. Es en este momento cuando se abandona la habitación o las camas calientes , para ocupar una vivienda entera con la familia. Esta construcción no se enclava ya en el casco viejo vitoriano, sino que se agranda ese círculo de posibilidades por el ensanche y por los nuevos barrios de la capital alavesa.
Es ahora cuando los que se consideraban tan solo inmigrantes, abandonan en cierta medida esa percepción sobre su persona para considerarse (a pesar de que pueden existir notables excepciones) también de aquí y cuando deciden establecer su destino y su proyecto de futuro, para ellos y sus hijos, en nuestra ciudad. En definitiva, sin renunciar para nada a su identidad de origen se sienten también vitorianos, alaveses, vascos, españoles y europeos. Es aquí cuando comienza el verdadero proceso, pues es una decisión voluntaria, de integración social de las personas migrantes.
Esta decisión producirá importantes cambios en las redes de socialización de las personas migrantes. Estos cambios se ven explicitados en los padres, pero fundamentalmente en los hijos, en lo que denominamos de forma genérica segunda generación. Son estos chicos y chicas, muchos de ellos nacidos en Vitoria, los que pasarán a afrontar cambios importantes en su identidad. ¿Qué soy yo? Se preguntarán. ¿Soy árabe o vitoriano? ¿Soy vasco o colombiano? Estas personas se verán no sólo ante un dilema, sino también ante un atractivo abanico de posibilidades enriquecedoras. Deberán gestionar el mantenimiento de lazos familiares e identitarios (además de religiosos y culturales) con sus sociedades emisoras y las nuevas relaciones de amistad, estudio, trabajo o vecindad adquiridas en la sociedad receptora. Aspectos estos que no deben ser antagónicos en absoluto y que pueden compaginarse perfectamente.
El conocido escritor Amin Maalouf nos dice:…cuando me preguntan qué me siento más francés o más Libanés, mi respuesta es siempre la misma. ¡Las dos cosas! Y no lo digo por ser equilibrado o equitativo, sino porque mentiría si dijera otra cosa. Lo que hace que yo sea yo, y no otro, es ese estar en las lindes de dos países, de dos o tres idiomas, de varias tradiciones culturales. Eso justamente es lo que define mi identidad. ¿Sería acaso más sincero si amputara de mí una parte de lo que soy? (Maalouf Amin. 1999: p. 9)
Yo mismo puedo ponerme como ejemplo. Mi padre es vitoriano, mi madre de Santa Cruz de Campezo, mis abuelos de Eulate, Gastiain, Añastro y Laguardia. Mi vida la he repartido entre Vitoria, Campezo y Ullibarri Arana, lugar del que desciende mi mujer y al que me siento muy unido. Desde hace 22 años pasamos el verano y en ocasiones la Semana Santa en Málaga. Realmente me siento por igual campezano, vitoriano y del Valle de Arana. Siento vibrar algo dentro de mí cuando paseo por Laguardia y cuando visito las Amescuas en la vecina Navarra. Y me emociona ver en la televisión un reportaje sobre Málaga o seguir las incidencias deportivas del Unicaja-Basket como si del propio CLP-Baskonia se tratara. Si yo soy capaz de sentir todas estas identidades ¿Cómo no va ser posible sentirse vitoriano y paquistaní, vasco y marroquí o ecuatoriano y alavés? Claro que es posible. Salvo que determinadas ideologías con un discurso, sea este explícito u oculto, marquen ciertas identidades posibles y otras sean estigmatizadas o declaradas imposibles . Es preciso que los adolescentes que se vean sumidos en este reto o conflicto de identidades puedan gestionarlo de forma enriquecedora, que el mismo no determine encerramientos o situaciones de integrismo identitario, mucho menos que termine generando expresiones de violencia física o psicológica.
Ayudará sin duda en este proyecto, el que la socialización de estos jóvenes se produzca en espacios integrados y no en situaciones o paisajes urbanos excluidos. A pesar de que en Vitoria-Gasteiz, en comparación con otras ciudades del Estado Español, no se puede definir como guetos a determinados espacios de la ciudad si podríamos hablar de ciertos lugares de riesgo. Zonas en las que si no se interviene en los próximos años, se podrían reproducir situaciones de exclusión social y de abandono institucional como las experimentadas en otras zonas de Europa. Y aquí debiéramos constatar, como nos apunta Loïc Wacquant, que estos espacios de socialización o espacios de exclusión, pueden ser determinantes o significativos en el establecimiento de las redes amicales y afectivas de un joven cuyos padres son de origen extranjero. Muchas veces el residir en un espacio excluido, genera un fenómeno de despacificación de la vida cotidiana que fomenta la segregación. Muchos espacios considerados guetos fomentan en sí una cierta estigmatización asociada al lugar de residencia. Un atributo de ese tipo produce un descrédito de ese espacio urbano además de un menosprecio de quien allí reside. Hemos de recordar como muy bien nos dice Erving Goffman que el estigma es una forma sutil de violencia.
En no pocas ocasiones pienso que la sociedad en general es consciente de ello, que en nuestras estructuras mentales anida ya, de forma consciente o inconsciente, este rechazo al diferente, que nosotros no queremos ver como racismo, pero que algunos autores definen como criptoracismo español, muchas veces no percibido por nosotros mismos, pero con viejas raíces en nuestra historia desde el siglo XV (Ruiz Olabuenaga: 2002). Quizás esta forma suave de xenofobia, parásita de forma imperceptible la conciencia colectiva de nuestro pueblo; y sin dejar de proclamarnos públicamente paladines de la multiculturalidad (e incluso de la interculturalidad) y el mestizaje en el discurso correcto, aceptamos o miramos hacia otro lado ante las evidentes injusticias y desigualdades que nuestra acogida genera para con quienes han venido hasta Euskadi de tierras lejanas.
Estas relaciones con la sociedad de acogida , los mecanismos de defensa que los propios migrantes deben de poner en marcha para superar esta estigmatización, en definitiva todas esas estrategias no son sino realidades existentes en nuestra ciudad, y es desde esas vivencias desde donde se producirá la futura integración en nuestra sociedad.
¿Pero qué entendemos por es integración?

Muchas veces empleamos esta palabra de muy diversas formas y a su vez es empleada por personas de ideologías diferentes que le otorgan también un significado totalmente opuesto. Todos hablan de la integración de la población inmigrante, pero es evidente que no quieren decir lo mismo Fadela Amara que un joven islamista, no quieren decir lo mismo un miembro del ultraderechista Frente Nacional que una chica guineana estudiante de 2º de bachillerato.
-Podemos sentirnos árabes y francesas, musulmanas y mujeres libres sin velo.
-Deben ser sumisas, taparse y someterse a dios y a sus maridos.
-Es que no quieren integrarse. No quieren ser como los españoles.
-Quiero ir a la universidad y sentirme integrada en Euskadi.
Es un tema para el debate, y en absoluto algo cerrado por parte de nuestra propia sociedad ni por parte de los grupos llegados a ella.
Sería interesante por lo tanto reflexionar sobre las diversas formas de integración de la población española de origen extranjero como lo que deben ser, uno más de nosotros.
El racismo no es solamente una cuestión de segregar negros u odiar judíos; el racismo debe ser referido a las formas de relaciones sociales y culturales que implican negación, discriminación, subordinación, compulsión y explotación de los otros en nombre de pretendidas posibilidades y disponibilidades, ya sean biológicas, sociales o culturales. Toda relación social que signifique cosificar a los otros, es decir negarle categoría de persona, de igual: toda relación que permita la interiorización y uso de los otros es racismo. (Juliano Dolores. 1993: p. 29)

En la sociedad conocida como occidental o desarrollada (sobre esto habría mucho que decir), son tres los modelos socializadores más utilizados por los distintos estados con respecto a las políticas de integración de población extranjera:
1.- Modelo segregador. El ejemplo mas claro lo represento el sistema de apartheid sudafricano. Estos colectivos viven separados del resto, de los que detentan el poder o la calificación de autóctonos. Puede existir pluriculturalismo, pero el modelo dominante se impone a los demás. El modelo alemán, basado en la jus sanguinis puede ser analizado como una forma maquillada de este. (Un hombre turco que lleve varios años trabajando en Dusseldorf no puede acceder a la nacionalidad alemana, cosa que puede lograr con relativa facilidad el hijo de un alemán que nació y vive en Uruguay. En este momento esta legislación está siendo revisada por el Gobierno Federal).
2.- Modelo asimilador. Los inmigrantes deben ser enculturizados en la cultura dominante. Ellos, los otros deben de ser como nosotros, adoptar nuestras formas de vida y renunciar a sus parámetros culturales y a sus marcadores étnicos o religiosos . Podría muy bien servirnos como ejemplo el sistema francés.
3.- Modelo multicultural. La diferencia se considera normal, por lo tanto se aceptan distintas culturas pero no se mezclan. No se crean entre ellas espacios comunes, no hay reciprocidad y por lo tanto las diversas culturas pueden funcionar en compartimentos estancos y probablemente en guetos. El denominado Melting Pot o la Tolerancia Étnica británica pueden ser situaciones que reflejen a la perfección este modelo. Wieviorka señala a la Escuela de Chicago, y en concreto a Roberta E. Park (a partir del año 1913) como una de las contribuciones más destacadas para la aparición de este nuevo concepto.
El multiculturalismo, aún presentándose como una opción que se muestra contraria a la interiorización de los inmigrantes, a menudo logra efectos opuestos a los deseados. Puede convertirse en una nueva forma de reproducción de la visión estereotipada con respecto a los inmigrantes como seres culturalmente inferiores, en la medida que estos quedan encasillados en el grupo, y el grupo queda catalogado como minoría étnica o cultural ajena a la normalidad en la que se halla el resto de la población, la mayoría que no necesita ser encasillada. (Pajares Miguel, 2005. p: 70 )
A mis alumnos de la Universidad de Deusto, siempre les dibujo en la pizarra el concepto de multiculturalidad como una serie de compartimentos estancos. Reconozco que me gusta, por sintonía personal, la explicación de J. Arango en el sentido de que el multiculturalismo se plantea como una política de integración, y es cierto que en muchos casos lo ha sido; pero no es menos cierto que determinadas versiones han conllevado la delimitación de los grupos humanos en su función de su cultura y la consiguiente potenciación de aspectos diferenciadores que permiten la demarcación o clasificación de tales grupos, en algo muy parecido a compartimentos estancos.
De todas formas debemos aclarar que el término multiculturalismo sigue siendo utilizado de distinta forma por sus mentores, a pesar de que en su acepción más usualmente convenida signifique una aceptable política de integración.
Yendo bastante más allá, Laplantine y Nouss consideran que... el multiculturalismo es contrario al mestizaje, ya que el multiculturalismo se fundamenta en la coexistencia de grupos separados o yuxtapuestos, que miran básicamente al pasado y que conviene proteger del contacto con otros grupos. En el fondo reproduce el discurso esencialista de la pureza autentificadora del grupo. (Citado por Rodrigo Alsina Miquel: p. 62)

Marco Martiniello nos diferencia tres tipos de multiculturalismo: de mercado, blando y duro. (Martinello M. 2003: cap. 4) y también debemos mencionar la tendencia más en boga en los últimos tiempos, una propuesta superadora de los compartimentos estancos y tendente al enriquecimiento mutuo: la interculturalidad.
4.- Modelo intercultural.
Este modelo pone el énfasis en los aspectos comunes, en lo que une a dos o más culturas por encima de lo que separa a las mismas. Se realiza un enriquecimiento mutuo o bidireccional. Se basa en el Discurso de la igualdad y en el derecho a la igualdad. Las distintas etnias o comunidades no permanecen en compartimentos estancos, sino que se produce intercambio y mestizaje, y como resultado de ello la cultura del país cambia también produciendo, no varias subculturas en su seno, sino una única y mestiza cultura general. Muchos autores sitúan la interculturalidad, como un modelo que surge como consecuencia de las críticas a las que se ve sometida la multiculturalidad.
…este modelo intercultural, surge también del pluralismo cultural… pero a diferencia del multiculturalismo defiende una perspectiva más dinámica de la cultura y de la creación de identidades, destacando que de la interacción de distintos grupos sociales, no siempre exenta de conflicto, puede resultar un nuevo modelo de sociedad, del que las diversas partes que lo componen se sientan parte.
(Vicente Trinidad. 2008: p.128)
A pesar de las críticas recibidas en los últimos tiempos son muchos los autores que reconocen en la teoría de la interculturalidad el punto de partida para el reconocimiento de la diversidad cultural pero en un locus común ciudadano. Cómo nos recuerda Sami Naïr, la diferencia por la diferencia es una trampa que pretende perpetuar las desigualdades sociales entre nosotros y ellos. La aceptación de la diferencia ha de encontrarse en un locus o lugar común para todos los ciudadanos, precisamente en este espacio que es la ciudadanía.

4. Conclusiones

El destino de la integración de las poblaciones de origen extranjero en un país, se decide en gran medida en la segunda generación. Aquellos que desde su infancia están en contacto con dos, o más, tradiciones culturales distintas. Aquí radicará el éxito del proceso de integración, fundamentalmente en la adolescencia, cuando los jóvenes conscientes de esa doble raíz y de sus contradicciones decidan emprender la búsqueda de su propio camino. De todas formas si podemos concluir afirmando que determinadas actitudes son favorecedoras, sin duda, de una conclusión positiva de eso que hemos denominado conflicto identitario.
· La primera, en mi opinión, se refiere a la importancia del Sistema educativo y del futuro profesional. La acogida y posterior escolarización son fundamentales para que el niño, o el joven se sientan parte de esa sociedad.
· La segunda requiere de un esfuerzo por parte de nuestra sociedad para posibilitar el sentimiento identitario múltiple. El hecho de que los adolescentes sepan que a pesar de ser españoles, pueden manifestar su sentimiento identitario compartido con el de sus padres ofrece una garantía para sentirse apreciados y valorados. Estamos así apostando por una identidad de paz y no de identidades de conflicto (A. Maalouf diría Identidades Asesinas), por lo tanto ampliamos la posibilidad o posibilidades de ser de aquí, pero un ser de aquí de muchas formas.

En definitiva sería recrear el famoso chiste de los bilbaínos:
-Pero si …tú eres de Burgos.
-¡Joe! Los de Bilbao podemos nacer donde nos plazca.
¡Que para eso somos de Bilbao joe!
Este toque de humor me parece pertinente a la hora de ilustrar el final de la presente conferencia. Ser de aquí tiene muchas formas, siempre las ha tenido, a pesar de que los totalitarismos de diverso signo (pasados y presentes) se han empecinado, y yo diría que algunos todavía se empeñan, en dar una imagen homogénea de nuestra sociedad. El respeto a la diversidad, no debe impedir encontrar un lugar común, un locus compartido: la ciudadanía en igualdad de derechos y deberes. Una ciudadanía intercultural, que se base en el respeto a los Derechos Humanos como fundamento irrenunciable y que se edifique desde la mutua aceptación.
En esa pluralidad, en las próximas décadas caben muchas formas más. Observemos este fenómeno, no como un problema, sino como un reto apasionante y enriquecedor que todos hemos de disfrutar, en especial nuestros hijos, en un futuro no muy lejano.

Jesús Prieto Mendaza
Antropólogo. Profesor colaborador de Educación Intercultural de la Universidad de Deusto