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OTRA VOZ CALLADA

EL CORREO
27.07.08

OTRA VOZ CALLADA

Por ELENA MARTÍNEZ DE MADINA
MIEMBRO DE LA COMISIÓN ONOMÁSTICA DE EUSKALTZAINDIA

Alberto Gárate nos ha dejado. Cierto día, cuando llevábamos años de amistad, le dije que él no era un hombre de "flechazo inmediato", de "amor a primera vista". Se rió mucho. Pues unas veces sacaba todo su encanto y otras, en cambio, era cortante. Este donostiarra, que vivió siempre en Beasain donde su padre tuvo la consulta de médico dentista, se consideraba a menudo eibarrés, pues decía, orgulloso, que los Gárate provenían de allí. Construyó su familia junto a Maite Iturritxa en Vitoria, tuvieron a sus tres hijas y es ahí donde ha fallecido. Fue economista de profesión pero agitador cultural de vocación y amante de su país de corazón. Desde la clandestinidad hasta hoy son muchos los lugares donde su presencia y su trabajo ha quedado más que patente: en Euskadiko Ezkerra y en el Partido Socialista; socio fundador de la librería Axular, lo de librería casi un pretexto para todo lo que originó y supuso en la vida cultural de Vitoria durante los años de la transición; en el origen de Umandi Ikastola, en la cual estudiaron las tres hijas, todo un compromiso para la época, siendo la mayor, Uxue, de la primera promoción; en la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza; en la Sociedad Landázuri; junto a los Amigos del Camino de Santiago, o junto a sus otros amigos de Assadaka. Y más y más.
La diferencia de edad entre nosotros hizo que le conociera no hace muchos años. Pero la relación con Alberto me ha reportado mucho cariño, apoyo y un gran aprendizaje. Nuestra amistad no surgió de una forma inmediata, ya lo he dicho antes. Pero fue creciendo y creciendo, y yo fui maravillándome con aquel hombre que sabía tanto, que era tan crítico con todo lo de su alrededor. Que era capaz de ver, de observar, de analizar, de diseccionar nuestro mundo, el pequeño y el grande. Que era crítico con su entorno, incluso en los ámbitos en los que él se movía o había decidido introducirse voluntariamente. Es obvio que solamente se puede ser un buen analista, un buen crítico, desde el conocimiento, desde la sabiduría. Y Alberto fue hombre culto, muy culto. Un ejemplo a seguir, sin duda.
Y nuestros encuentros pasaron a ser casi diarios durante años en la Pando-Argüelles, que albergó hasta enero de 2006 la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, el Instituto Alavés de Arqueología, la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza y Euskaltzaindia-Real Academia de la Lengua Vasca.
Nunca ha habido más humo en esa casa como cuando Alberto venía a mi despacho a charlar, trabajar en algo o ayudarme. Construimos una factoría de dióxido de carbono, incluso cuando se proclamó la ley "antitabaco". Él pasaba horas y horas en los despachos de Eusko Ikaskuntza trabajando en una cosa y otra, y especialmente para la Enciclopedia Auñamendi. Y se fijó en mi trabajo. Yo no le pedí su consideración pero él me la concedió. Así fue de generoso. Y entre humos, y bocanadas, íbamos fabricando ideas, pensamientos, y yo iba enriqueciéndome cada vez más. Aun a sabiendas que es una labor ingrata pero de dedicación absoluta al País, a este nuestro, y a su gente, a nosotros. Él optó por esa vía y no por escribir su obra, su firma, que le hubiera reportado, sin duda, mucha más gloria y renombre. Pero nunca ha buscado la gloria ni la notoriedad. Quizá asumió la idea martiana "toda la Gloria del mundo cabe en un grano de maíz".
Sin embargo, lo que nos debe producir sonrojo es que no haya una entrada en la Enciclopedia Bernardo Estornés Lasa-Auñamendi, que diga: Garate Goñi, Alberto. No hay una entrada para Alberto. Hay mucho escrito por él, por lo tanto está, pero no con identidad propia. Claro, no se metió a sí mismo, y parece que nadie se ha acordado de hacerlo.
Como primer tributo a su memoria, lo primero que debemos hacer es abrir esa nueva voz en la Enciclopedia, futura Enciclopedia Vasca, y así poder explicar cuál ha sido toda su labor, para que no se borre ni su persona ni su obra. De lo contrario, si vamos callando voces, callamos la historia. De silenciarla a inventarla ya sabemos que la distancia es milimétrica. Es más, mucho más sencillo, más fácil es inventar la historia de un país que no estudiarla, investigarla, saberla y asumirla. Porque el conocimiento no es fácil pero es necesario para poder ser libres de pensamiento, críticos con nosotros mismos.
Tú has sido necesario, Alberto. Y en tan poco tiempo se nos van hombres necesarios pues sólo son dos meses desde que nos dejó Henrike Knörr. Quizá ya es hora de que nos hagamos mayores de edad y recojamos su testigo. O al menos lo intentemos, por nosotros, por nuestro País.